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miércoles, 6 de julio de 2011

El mediador

Estoy escribiendo algunas reflexiones sobre el papel de los mediadores en la formación de lectores. Dedicaré al tema algunos textos. Les comparto la primera entrega.


Los encuentros

Un lector y un texto a veces se encuentran. Ese encuentro, como cualquier otro, produce o entraña un efecto. Pero el efecto puede o no ser el que nosotros pensamos, es incierto. Para mí, lo valioso es estar ahí en el momento que ocurre, presenciarlo. 


Todos los lectores hemos experimentado el encuentro con algún texto. Literalmente, las palabras de ese texto nos toman de la mano y nos miran a los ojos. El texto nos comunica sus secretos. La respuesta del lector es igual de misteriosa: cada lector le comunica al texto sus experiencias más íntimas. Se produce entonces la lectura.


La lectura es un acontecimiento misterioso y complejo: la lectura es lo que cada lector permite que sea. 


Algunas veces, un lector se encuentra también con otros lectores. El encuentro entre dos lectores es igual de incierto y misterioso que el encuentro del lector con el texto. Porque puede que el lector quiera comunicar sus experiencias al texto, pero quizá no a otros lectores. Para que esto ocurra se requieren ciertas condiciones: un espacio agradable, un ambiente que permita la confianza y la libre expresión de las ideas, la posibilidad de conversar, la disposición para escuchar, el reconocimiento del valor de la opinión de los otros, el respeto al silencio, entre otras. 


Algunas veces, un lector se encuentra con la escritura. Este es quizá el encuentro más trascendente que he podido presenciar en mi experiencia como mediador. Cuando un lector comienza, además, a escribir, algo ha ocurrido en él: las palabras han operado en él de una forma casi milagrosa. Lo han transformado. A ese lector, ya no le basta la plática o la conversación. Quiere seguir diciendo, pero ahora ha descubierto una forma especial de comunicar su mundo interior. Y comienza la creación, como cuando el mundo aún no existía.


El placer que el escritor experimenta al ejercer la palabra es indescriptible. Difícilmente se conformará ya con menos. Su lectura y su convivencia con otros lectores se irán transformando. Porque ahora él será también leído. 


La escritura, hay que decirlo, exige, además del trabajo imaginativo, dedicación y paciencia. Hay que escribir y leer, conversar y escuchar, reescribir y redactar, y muchas veces tirarlo todo y volver a comenzar. Esto es lo que conocemos como escritura.


El trabajo del mediador consiste en multiplicar las oportunidades para producir estos encuentros. En este sentido, imagino mi trabajo de mediación en términos de establecer relaciones y no aprendizajes.

Si tuviera que describir mi trabajo como mediador, diría que me dedico a organizar citas a ciegas entre lectores y textos. A veces, para reunirlos, tengo que hacer muchas cosas. En ocasiones basta una primera mirada. Sea como sea, los reúno y dejo que se conozcan. Es un poco irresponsable eso que hago. Pero confió en los lectores y en los textos.

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