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lunes, 13 de junio de 2011

Michele Petit: la construcción de uno mismo

Leer le permite al lector, en ocasiones, descifrar su propia existencia. Es el texto el que “lee” al lector, en cierto modo el que lo revela; es el texto el que sabe mucho de él, de las regiones de él que no sabía nombrar. Las palabras del texto constituyen al lector, lo suscitan. 

Michelle Petit, Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura


En ocasiones, los textos que leemos nos ofrecen información acerca de nosotros mismos. Unas veces descubrimos que alguien le ha confiado al texto nuestros secretos más íntimos. Otras, la lectura nos revela aspectos de nosotros que no conocíamos. E incluso llegamos a sentir que el texto nos da la respuesta a esa pregunta que no logramos resolver. No hay aquí nada de paradójico o místico: se trata de la experiencia de la lectura.


Un amigo que sabía de mi interés por estos temas me confió una experiencia que le había sucedido y que tenía relación con la lectura. 


Mi amigo vivía solo con su madre porque su padre había fallecido cuando él era niño. Ya adolescente empezó a sentir que la vida se le estaba haciendo difícil y no tenía mucha idea de cómo afrontar esas dificultades. Se sentía perdido, y me confesó que él sabía que todo sería más fácil si su padre lo hubiera dirigido, aconsejado un poco. Pero la ausencia se dejaba sentir y la vida seguía complicándose. 


Él no es un lector asiduo, pero su padre, en alguna ocasión nada especial, le había regalo un libro. Un día como cualquier otro se decidió a abrirlo. Se trataba de El Periquillo Sarniento de Lizardi. Comenzó a leerlo sin interés, sólo lo hacía como una forma de cumplir el deseo de su padre: evidentemente se lo había regalado para que lo leyera. Le aburría, no conseguía concentrarse, lo dejaba, pero siempre volvía a él. En uno de esos retornos al texto, algo le llamó la atención y ya no pudo parar hasta terminarlo. 


El argumento de la historia es muy conocido: Pedro Sarmiento, enfermo y resignado a morir, comienza a escribir sus memorias con la intención de advertirle a sus hijos sobre los peligros de la vida. 


Inmediatamente, mi amigo se identificó con la realidad que el texto platea. Pero lo  más impresionante fue que descubrió que era su propio padre el que le comunicaba, por medio del libro, todo lo que a él le hubiera gustado que le dijera en vida. 


Sería una locura decir que el libro fue escrito para que mi amigo recibiera el mensaje que esperaba. Además, yo no le hubiera recomendado, ni por asomo, la lectura de este libro aún si hubiera tenido conocimiento de su situación. Pero para él, la lectura de este texto, en ese momento de su vida, fue decisiva: le permitió seguir adelante. 


Yo he vivido experiencias similares. No es este el momento para hablar de mi vida personal pero puedo decirles que siempre que he pasado períodos difíciles he encontrado en la lectura la fuerza necesaria para continuar.  


En Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura Michelle Petit ha expuesto la idea de que lectura juega un papel importantísimo en el desarrollo y fortalecimiento de la personalidad, en la construcción de uno mismo. Esta idea le fue sugerida por los relatos de los jóvenes que entrevistó cuando hacía dos investigaciones sobre el papel de la lectura y las bibliotecas públicas en medios rurales y marginados de Francia (Lectures de champagne (1993) y De la bibliotheque au droit de cité (1996)). Aunque no se trata de una experiencia de lectura exclusiva de los jóvenes, me parece que es en esta etapa de la vida cuando uno es más sensible a ella. 


Escuchemos una vez más a Michele Petit:

(…) si bien la proporción de lectores asiduos ha disminuido, la juventud sigue siendo el periodo de la vida en el que hay una mayor actividad de lectura. Y más allá de los grandes sondeos estadísticos, si se escucha hablar a los jóvenes, se comprende que la lectura de libros tiene para ellos ciertos atractivos particulares que la distinguen de otras formas de esparcimiento. Se comprende que a través de la lectura, aunque sea esporádica, se encuentren mejor equipados para resistir cantidad de procesos de marginación. Se comprende que la lectura los ayude a construirse, a imaginar otros mundos posibles, a soñar, a encontrar un sentido, a encontrar movilidad en el tablero de la sociedad, a encontrar la distancia que da el sentido del humor, y a pensar, en estos tiempos en que escasea el pensamiento.
Estoy convencida de que la lectura, y en particular la lectura de libros, puede ayudar a los jóvenes a ser un poco más sujetos de su propia vida, y no solamente objetos de discursos represivos o paternalistas.


Es un error atribuirle a la literatura el poder de cambiar la realidad, de resolver la injusticia, de instaurar la democracia. Algo distinto es afirmar que un texto puede transformar la vida de una persona. Esto ocurre, hay que ser lector para saberlo.

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