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lunes, 20 de junio de 2011

Cartucho

Es una destacada artista mexicana, contemporánea de Frida Kahlo, amiga, entre otros, de José Clemente Orozco y de Martín Luis Guzmán. Fue bailarina, coreógrafa y maestra de danza. Como investigadora, rescató ritmos y bailes indígenas que combinó con elementos de danza clásica dando origen a lo que hoy conocemos como danzas populares. Fundó el Ballet de la Ciudad de México y dirigió la escuela de danza del INBA. Escribió poesía, cuento y crónica. Con Cartucho, considerada una de las novelas más importantes de la Revolución, inauguró una nueva forma de narrar que es base y puente de obras fundamentales de la literatura mexicana y latinoamericana como Pedro Paramo y Cien años de soledad. Murió en 1986, de manera misteriosa, víctima de un largo secuestro. ¿Sabes quién es?


Probablemente no y no tiene nada de escandaloso. Estoy de acuerdo contigo en que se trata de una brutalidad excesiva que nos pidan cuentas sobre una escritora mexicana de la época de la Revolución. Sobre todo porque no es nuestro campo y nuestros intereses son otros. A duras penas conocemos a nuestra familia más allá de los abuelos y nuestros amigos son los que tenemos a la mano. Nos comunicamos porque no hay de otra, con cierta eficacia y casi inmediatamente. Pero sentimos que nadie nos comprende del todo y quizá ya no nos interesa. Tú, como yo y como los personajes de Murakami, vives el día a día sumido en una extraña sensación de desconcierto, incertidumbre, de cansancio físico, afectivo y emocional. Cada vez somos menos capaces de sentirnos a nosotros mismos y a lo que nos rodea. Destacada artista mexicana, qué remedio…


Aún así, y a pesar de la escuela, un día llegó a mis manos un Cartucho. Es un libro sobre la Revolución Mexicana, me dijo mi amiga, échale un ojo. Revolución Mexicana, pero sí ya tenemos suficiente de eso en las clases, pensé. Pero la curiosidad me ganó y lo abrí al llegar a mi casa. Primero lo hojee. Simplemente pasé las páginas para darme una idea de su contenido. Por fortuna, se trataba de textos muy breves. Leí uno al azar. Frases cortas, lenguaje accesible, alguien que moría fusilado. Leí otro y después otro y así terminé el libro. Debo decir que me salté el prólogo y que releí varios textos. Me gustó mucho, sobre todo porque no parecía un libro de historia y porque muchas cosas que ahí se dicen se parecían a otras que yo había visto y escuchado muy de cerca, a pesar de la distancia. 


Ahora, varios años después, vuelvo a releer Cartucho. Curiosamente se trata de la misma edición. De Era. Ahora sí me leí el prólogo y lo encontré magnífico. Leí todos los textos siguiendo el orden establecido por la autora y descubrí que, más allá de lo estrictamente literario, me siguen gustando las mismas cosas, aunque sus nombres hayan cambiado: la fuerza expresiva de sus brevísimas frases, los espacios para imaginar (los paisajes poéticos) y las conexiones que establezco conmigo mismo. Aunque los personajes y lugares parecen ser los que estamos acostumbrados a ver en las típicas fotos que acompañan los capítulos que los libros de texto dedican al periodo de la Revolución, en la lectura viven de manera distinta. Sus rostros siguen siendo serios pero han dejado de ser duros. No son los típicos machos del norte, brutales y asesinos, siempre borrachos y entregando la vida a la menor provocación. En la lectura, estos personajes son personas que aman y sienten, sensibles aunque no puedan expresarlo con palabras, que matan y mueren fusilados, casi con una sonrisa. Todo es observado y relatado por una niña que no juzga sino para nombrar las cosas que mira. Nada escandaloso, son historias sobre la Revolución, la muerte y la matanza están siempre presentes. Pero no para elogiarlas o denunciarlas, sino para mostrarnos de dónde venimos. Y para abrirnos los ojos respecto de lo que vivimos ahora. 


Algo que descubro en esta nueva lectura de Cartucho de Nellie Campobello son las distancias que existen entre lo que leemos en los libros de texto  (lo que se enseña en las escuelas) y lo que podemos conocer por otras fuentes, como la literatura. No sé qué opines al respecto, lector desconocido, pero espero que tengas la fortuna de encontrarte con algún libro como éste. Porque bien podrías descubrir, ahí mismo, el placer de acceder a nuestra historia en la comodidad del hogar y en la intimidad de las páginas y la lectura.

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