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sábado, 14 de mayo de 2011

Las cárceles elegidas

Me gusta ir de paseo a las librerías. Aunque no es lo mismo que ir a comprar libros, a veces me pasa que no puedo evitarlo y me compro alguno. Entonces me digo lo que me decían mis papás cuando de niño me llevaban al parque: te dije que no te iba a comprar nada. Y creo que yo lo que hacía era quedarme callado. 

En el más reciente de estos paseos, entre algunas otras cosas (sí, es un peligro…), compré Las cárceles elegidas de Doris Lessing. Hacía tiempo que quería leer alguno de sus libros pero qué le vamos a hacer, hicieron falta muchos paseos para que finalmente nos encontráramos en una librería del Fondo. 

El libro reúne las cinco Conferencias Messey que Lessing dictó en 1985 y que fueron transmitidas en octubre de ese año como parte de la serie Ideas de Radio CBC de Canadá (no tiene nada que ver, pero yo nací en octubre del 85). Las conferencias tienen como tema general “las posibilidades de la racionalidad frente al totalitarismo”, en todas sus manifestaciones, y su tesis central es que “nosotros (la especie humana) estamos hoy en posesión de mucha información sólida acerca de nosotros mismos, pero no la aprovechamos para mejorar nuestras instituciones y, por consiguiente, nuestras vidas”.

Razones sobran y tienen que ver con nuestra actitud ante la vida (pasada, presente y futura), la sociedad, y sobre todo con la política y la amplia difusión que hoy recibe prácticamente cualquier idea. 

Pero no voy a hablar sobre Doris Lessing o su obra, es decir de ella, porque en realidad no la conozco. La lectura de Las cárceles elegidas ha sido mi primer acercamiento a esta enorme personalidad y debo decir que la viví como un encuentro bastante afortunado. 

Aunque propiamente estas conferencias no son parte de su obra (se trata de textos que fueron escritos para leerse en un ambiente algo académico y ya se sabe que esto exige un tratamiento distinto de las ideas), de su lectura me quedan buenas impresiones y algunos descubrimientos. 

Por ejemplo, dos de las cosas que han llamado mi atención: la observación de que muchas veces nuestras ideas son cárceles que elegimos habitar (lo que inevitablemente me recuerda el hermoso comienzo de Siete pecados capitales de Milorad Pavic: “Los pensamientos humanos son como cuartos. Entre ellos hay salas lujosas y cuartuchos saturados. Los hay soleados y sombríos. Algunos dan al río y al cielo, otros al traspatio o al sótano.”) y una referencia, al final del libro, a Akenatón, el soberano egipcio.

Este libro es para mí lo que han sido buena parte de los libros que más he disfrutado, una serie de puertas: a la lectura de la obra de Lessing, a la interpretación de su pensamiento (las ideas no habitan en nosotros, somos nosotros los que las habitamos y algunas veces estamos en ellas como en cárceles), a la búsqueda de información sobre algunos temas (por ejemplo: recuerdo que para Aristóteles el conocimiento transforma a la persona o no es conocimiento, y me gustaría volver a leer sobre esto) y personajes (Akenatón). 

Sé que volveré a leer a Doris Lessing (no deja de sorprenderme que la lectura misma sea su principal promotora) y quién sabe, quizá vuelva a escribir Algún comentario.

3 comentarios:

  1. Rafael, siempre se aprecian los comentarios sobre libros a sabiendas que tenemos un nivel mínimo de lectura en gran parte del país, de alguna manera, la ampliación del entendimiento e incluso el conocimiento mismo de muchos textos se da precisamente compartiendo algún punto de vista sobre ellos, a veces creo que -también por el nivel de interés- es necesario "digerir" un poco las letras para después procesarlo y así hacer Algún comentario.

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  2. Hola señor Escamilla, espero haber logrado lo que dices al final de este comentario. Saludos!

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  3. Hey, me gusto mucho tu post, obviamente yo no he leído nada d eso ni se al respecto tampoco, pero me gustaría bastante xq se ve muy interesante :) ya me tendrás que prestar unos libros quizá el domingo que vengas o en 2 semanas q vaya yo a DF

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