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jueves, 19 de julio de 2012


Apuntes sobre literatura juvenil y promoción de lectura 


1 Literatura juvenil

La expresión “literatura juvenil”, como todas las que acompañan con un adjetivo a la palabra literatura, es imprecisa, poco clara.  

Si hablamos de literatura infantil y juvenil deberíamos hablar también de literatura adulta o de literatura de la tercera edad, y así hasta el infinito, pasando por todos los grupos y gremios imaginables. Estas expresiones difícilmente dejarán de ser problemáticas, porque aunque sea posible establecer las categorías básicas que determinen que un texto sea infantil o juvenil, siempre aparecerá un texto que estará por encima de esas categorías. La literatura es así. 

Para salir de este laberinto de conceptos y expresiones, nada mejor que ponerse leer y a observar a otros lectores: sólo así es posible formarse una opinión propia, útil pero siempre provisional.  


2 libros para jóvenes y textos juveniles

Más que hablar de “literatura juvenil” deberíamos hablar de libros para jóvenes y de textos juveniles. Lo sé, también es problemático, pero se trata de objeciones de otra índole. 

Los libros juveniles son proyectos editoriales que involucran al grupo de personas que elaboran un libro: el autor, pero también editores, diseñadores, ilustradores (si los hay), publicistas, etc. Los textos juveniles son el resultado de un proceso de creación exclusivo del autor. 

Estas expresiones no pretenden designar un estilo, una forma de creación, un conjunto de textos determinado y mucho menos un público lector. Los textos juveniles son aquellos que están construidos a partir de experiencias de juventud, que centran su mundo (acción, reflexión, lenguaje y referencias) en esas experiencias y que suelen tener jovencitos como personajes. La clave está en la honestidad, porque algo similar se dice sobre algunas colecciones de literatura juvenil: se trata de textos honestos, que no fingen su contenido, que no aleccionan. Sobre todo esto último, no aleccionan: no hay nada menos juvenil que aleccionar. Los textos juveniles celebran la juventud, con todo y sus traumas y tragedias. 

Los textos juveniles a veces se encuentran en libros para jóvenes. Cada vez menos, y hasta pareciera que están ocultos (que no escondidos). ¿Dónde buscar? Una sugerencia: en todos los lugares.


3 Jóvenes lectores 

Según la última Encuesta Nacional de Lectura (CONACULTA 2006), los mexicanos leemos 2.9 libros al año. Sin embargo, en lo que se refiere a los jóvenes encontramos que poco más de la mitad de los mexicanos de 12 a 17 años (56.4%) reporta que lee libros; poco menos de la tercera parte (30.4%) reportó haberlos leído en algún momento de su vida. Además, los niveles más altos de lectura de libros se dan entre los jóvenes de 18 a 22 años, con 69.7%, y de 12 a 17 años, con 66.6%.  

Aunque se trata sólo de algunos indicadores que hay que leer e interpretar (el promedio de libros leídos al año por jóvenes entre 18 y 22 años sigue siendo muy bajo: 4.2), los datos parecen corroborar lo que Michele Petit había señalado en Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura: “si bien la proporción de lectores asiduos ha disminuido, la juventud sigue siendo el periodo de la vida en el que hay una mayor actividad de lectura”.

En 2011, México alcanzó el máximo histórico en población juvenil[1]. Una mayor presencia de los jóvenes quizá nos ayude a ver que ellos están leyendo, en internet y en una gran variedad de soportes, de formas que no todos estamos dispuestos a reconocer y valorar.


4 Sugerencias 

Una sugerencia para los padres, bibliotecarios y promotores de lectura: podemos seguir recomendando a los clásicos, a autores y textos que nos son conocidos y nos gustan, sin duda alguna algo se puede hacer desde esa trinchera; pero no podemos negarle a los jóvenes el acceso a los nuevos autores y sus propuestas: es su derecho, y si nosotros hemos asumido la responsabilidad de guiar a otros en su camino como lectores, es nuestra obligación conocer lo que en este momento otros jóvenes como ellos están escribiendo. 

3 antologías de jóvenes narradores iberoamericanos:

Grandes hits Vol 1, Nueva generación de narradores mexicanos, Selección y prólogo de Tryno Maldonado, Almadía, 2008.

El futuro no es nuestro, Nueva narrativa latinoamericana, Selección y prólogo de Diego Trelles Paz, edición mexicana de Sur + Ediciones, 2011. El proyecto nació en Argentina, donde el libro ha sido editado por Eterna Cadencia (2009). Existe una versión digital libre algo distinta: http://www.piedepagina.com/redux/category/especiales/el-futuro-no-es-nuestro/
 
Nuevas rutas, Jóvenes escritores latinoamericanos, Coedición Latinoamericana, 2010.


[1]Según el informe La situación actual de los jóvenes en México (CONAPO 2010), el 18.7% de la población de México (20.2 millones de personas) son jóvenes entre 15 y 24 años. Se espera alcanzar el máximo histórico a mediados del 2011.


miércoles, 11 de julio de 2012


Una presentación que no fue

Esta antología, como muchas otras, comenzó a construirse hace varios años, en lugares y tiempos distintos, con o sin propósitos definidos. Forma parte de esas compilaciones secretas que hacemos todos los lectores: reunimos textos y autores, aparentemente muy diversos, por la simple razón de que nos gustan.

Antes que cualquier otra cosa, este libro es un regalo. No hemos reunido los textos que “deberían ser leídos”, por considerarlos valiosos o importantes, sino aquellos que nos gustaría poder leer con ustedes. En este sentido, esta antología es una forma de estar cerca y de compartir una parte de nuestra historia como lectores.

Una antología es un mapa y una ruta: dibuja un territorio y propone un recorrido. Pero siempre es posible descubrir y explorar otros lugares, tomar otros caminos. Por lo tanto, no es necesario que lean la totalidad de los textos y tampoco es indispensable que sigan el orden establecido. Cada uno de ustedes puede decidir por dónde empezar y cuándo terminar. No existe mejor o peor forma de leer un libro.

Tampoco existe la mejor antología, la más perfecta, la más completa. En un libro como éste, siempre es posible encontrarnos con algún texto que no nos gusta, que no nos convence del todo, que no nos dice gran cosa. Si eso pasa, no significa que leímos mal o que no entendimos algo o que el texto nos ha derrotado. La lectura, el encuentro con algunos textos, los lectores lo saben muy bien, no siempre es una experiencia agradable.

Por ejemplo: sabemos que ustedes tienen autores favoritos y es probable que lamenten no encontrarlos aquí. Es así porque decidimos incluir algunos autores que no están en los acervos de las bibliotecas de sus escuelas o que son poco conocidos en nuestro país. Ni son todos los que están, ni están todos los que son.

Una antología es así: siempre queda la posibilidad de que los textos pudieron haber sido otros y no los que están. Pero existe también la posibilidad de que, en los que están, el lector pueda encontrar alguna historia, alguna frase, alguna palabra que lo haga lamentar menos las ausencias. Como dijo Juan Farias, el lector es el que determina si un libro tiene cabida en su biblioteca, si le debe algo.

Leer este libro no es una obligación. Después de todo, cada lector tiene el derecho a no leer. Carlos Castilla del Pino escribió: saber qué no leer es la forma superior de leer. Es decir, hay que leer para saberlo.