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miércoles, 11 de julio de 2012


Una presentación que no fue

Esta antología, como muchas otras, comenzó a construirse hace varios años, en lugares y tiempos distintos, con o sin propósitos definidos. Forma parte de esas compilaciones secretas que hacemos todos los lectores: reunimos textos y autores, aparentemente muy diversos, por la simple razón de que nos gustan.

Antes que cualquier otra cosa, este libro es un regalo. No hemos reunido los textos que “deberían ser leídos”, por considerarlos valiosos o importantes, sino aquellos que nos gustaría poder leer con ustedes. En este sentido, esta antología es una forma de estar cerca y de compartir una parte de nuestra historia como lectores.

Una antología es un mapa y una ruta: dibuja un territorio y propone un recorrido. Pero siempre es posible descubrir y explorar otros lugares, tomar otros caminos. Por lo tanto, no es necesario que lean la totalidad de los textos y tampoco es indispensable que sigan el orden establecido. Cada uno de ustedes puede decidir por dónde empezar y cuándo terminar. No existe mejor o peor forma de leer un libro.

Tampoco existe la mejor antología, la más perfecta, la más completa. En un libro como éste, siempre es posible encontrarnos con algún texto que no nos gusta, que no nos convence del todo, que no nos dice gran cosa. Si eso pasa, no significa que leímos mal o que no entendimos algo o que el texto nos ha derrotado. La lectura, el encuentro con algunos textos, los lectores lo saben muy bien, no siempre es una experiencia agradable.

Por ejemplo: sabemos que ustedes tienen autores favoritos y es probable que lamenten no encontrarlos aquí. Es así porque decidimos incluir algunos autores que no están en los acervos de las bibliotecas de sus escuelas o que son poco conocidos en nuestro país. Ni son todos los que están, ni están todos los que son.

Una antología es así: siempre queda la posibilidad de que los textos pudieron haber sido otros y no los que están. Pero existe también la posibilidad de que, en los que están, el lector pueda encontrar alguna historia, alguna frase, alguna palabra que lo haga lamentar menos las ausencias. Como dijo Juan Farias, el lector es el que determina si un libro tiene cabida en su biblioteca, si le debe algo.

Leer este libro no es una obligación. Después de todo, cada lector tiene el derecho a no leer. Carlos Castilla del Pino escribió: saber qué no leer es la forma superior de leer. Es decir, hay que leer para saberlo. 

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